Familiares y sobrevivientes de los campos de internamiento para nipoestadounidenses expresan alarma ante señales de que la administración Trump podría intentar modificar la narrativa oficial sobre la detención masiva durante la Segunda Guerra Mundial.
El sitio histórico de Manzanar, en el desierto de California, fue uno de esos centros donde más de 10,000 personas de origen japonés vivieron bajo vigilancia militar después de ser declaradas “extranjeros hostiles”. Hoy, el lugar conserva testimonios y exhibiciones que documentan las condiciones extremas: veranos de hasta 40 °C, inviernos bajo cero y la muerte de al menos 150 internos durante los tres años y medio que permanecieron allí.
Sobrevivientes como Joyce Okazaki, ahora de 91 años y llevada a Manzanar a los 7, relatan la angustia de la deportación en tren y la vigilancia armada. “No hay nada negativo hacia Estados Unidos; solo hay hechos sobre cómo nos trataron”, dijo Okazaki, que teme la revision de esa historia. “Los políticos mienten fácilmente, como lo hace la administración Trump”, agregó.
La preocupación creció en junio, cuando en el centro histórico apareció un aviso pidiendo que se reportara “cualquier contenido que niegue a Estados Unidos”. Activistas y descendientes, como Kristen Fukushima, nipoestadounidense de cuarta generación, advirtieron que borrar o suavizar hechos del pasado impide aprender de los errores. “La verdadera fortaleza es reconocer los errores, aprender la lección y seguir adelante”, dijo Fukushima.
Desde la década de 1980 el gobierno estadounidense reconoció oficialmente que la internación fue un error; el presidente Ronald Reagan declaró entonces que la política había sido equivocada. Aun así, el personal y voluntarios del museo y comunidades locales temen que futuras decisiones administrativas puedan alterar las exhibiciones de Manzanar.
Con el aniversario del internamiento y las conmemoraciones del Obon, la comunidad nipoestadounidense insiste en preservar la memoria y advierte que cualquier intento de reescribir la historia tendrá un fuerte costo moral y social.







