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”Como una maratón sin línea final”. Incremento de casos de graves de coronavirus en Nagoya

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La ciudad de Nagoya ha visto un fuerte aumento de los casos graves de COVID-19 desde noviembre, cuando se produjo la “tercera ola” de infecciones en Japón, con un número de casos en la Prefectura de Aichi que sigue siendo alarmantemente alto informa el diario Mainichi. 

Aunque el Gobierno de la Prefectura de Aichi ha asegurado 70 camas de hospital para pacientes con síntomas graves de COVID-19, más de la mitad de ellas ya estaban ocupadas al 16 de diciembre, y los hospitales de la prefectura se fueron llenando gradualmente. Hay una creciente sensación de crisis entre los profesionales médicos de la región, que apenas logran responder al creciente número de casos. Un trabajador de la salud se lamentaba: “Es como un maratón sin una línea de meta a la vista”.


En el Hospital Universitario de Nagoya, en la capital de la Prefectura de Aichi, que desde febrero acepta a los pacientes de COVID-19 con síntomas moderados a severos, cinco o seis de sus ocho camas de la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) para pacientes en estado crítico han estado constantemente ocupadas desde noviembre. El hospital tiene como norma dejar siempre una o dos de esas camas libres en caso de que se deterioren las condiciones de otros pacientes ya internados.

“Si esas ocho camas estuvieran totalmente ocupadas y apareciera un noveno paciente que necesitara tratamiento en la UCI, tendríamos que decirle a uno de ellos: ‘Por favor, renuncie a su oportunidad de sobrevivir”, dijo Atsushi Numaguchi, de 48 años, director de la Unidad de Emergencia y Cuidados Médicos Intensivos del hospital.

El hospital ha mantenido su respuesta a los pacientes con coronavirus las 24 horas del día movilizando a poco más de 10 médicos dedicados y más de 40 enfermeras, con el apoyo de seis médicos de las salas generales que se turnan mensualmente.

El 8 de diciembre, una paciente COVID-19 gravemente enferma de unos 70 años estaba siendo tratada dentro de la UCI del hospital. Alrededor de las 9:30 p.m., cuatro doctores y enfermeras, todos vestidos con batas y gafas protectoras, cambiaron la postura del paciente de cara arriba a cara abajo. Para entonces ya había estado hospitalizada durante dos semanas, pero seguía con un respirador artificial. Como no podía moverse por sí misma, el personal tuvo que cambiarle la posición cada hora y media o dos horas para evitar las escaras. Como el virus se dispersaría si el respirador se desconecta aunque fuera por un momento, un miembro del personal estaba constantemente de guardia para asegurarse de que se mantuviera en su lugar.

Si los casos de coronavirus aumentan aún más, a Numaguchi le preocupa que los hospitales puedan enfrentarse a una situación en la que tengan que “elegir entre los pacientes con coronavirus y otros pacientes” para el tratamiento prioritario, algo que sucedió en muchos hospitales del mundo y se decidía a quienes se salvaba y a quines no.


“Incluso para un hospital central con un total de 1.000 camas de hospital, asegurar ocho camas para pacientes gravemente enfermos es lo mejor que puede hacer” dice el director.

Muchos de los pacientes con coronavirus muy afectados tienen 70 años o más. Durante la segunda ola en el verano, más de la mitad de los pacientes gravemente enfermos vieron cómo sus condiciones se estabilizaban en alrededor de una semana, pero desde el comienzo de la tercera ola, ha habido un número creciente de casos que requieren un tratamiento prolongado, como por ejemplo, pacientes que han estado con un respirador artificial durante más de un mes.

Sin que se vislumbre el fin de la crisis del coronavirus, Numaguchi expresó su preocupación por la prolongada situación en que se encuentran los trabajadores médicos en la primera línea: “Si los corredores participan en un maratón sin final, inevitablemente llegará el momento en que ya no podrán correr en absoluto”.
Resumen: Mainichi
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